13 de desembre 2012



Nos globalizamos tanto que olvidamos a menudo lo más cercano. Los que nos dedicamos al periodismo o al arte de escribir adoramos antes un buen bar de barrio que un local más céntrico pero con menos glamur personal. Entra dentro de los gajes del oficio conocer cuantos más bares mejor porque es aquí donde, históricamente, se ha conseguido siempre la mejor información y los mejores chismes de los personajes locales. Las mejores informaciones han surgido siempre a base de reposar la oreja sobre la barra y dejarla a su libre albedrio para que capte conversaciones de personas que no te ven en sus tertulias donde no pintas nada pero puedes después dibujar una buena información. 

He sabido que cierra en pocos días el Bar de Paco. Se entiende que es el bar donde cada mañana tomo el café mientras leo la prensa con el compromiso de escuchar, cada vez que entro por la puerta, el famoso “Hola que tal” que Paco regala a todos sus clientes. Lo reparte sin problemas entre los clientes de siempre y los que se estrenan. El de Paco es un bar pintoresco y tiene su magia particular. Adornado con objetos que cuesta imaginar ver juntos en un solo espacio, las cuatro paredes de este bar invitan a ojear cada rincón. 

Como colofón al espectáculo siempre agradable si te gustan los espacios diferentes con un traro de proximidad, tienes la garantía que nunca estarás solo en el bar. Micaela, una rubia despampanante, te acompaña en todo momento. Creo recordar que en sus inicios Micaela era morena pero luego se debió teñir el pelo. Son cosas que hacen los maniquíes. Si, Micaela es un maniquí que se sienta, acompañada de una taza de café, el tabaco y su móvil, en el rincón con más encanto del local. Sin ella, el Bar de Paco no sería el mismo. Las mujeres siempre dan un toque sensual y bello a todos los espacios. Los maniquíes también aunque no hablen pero te miren. 

Con el Bar de Paco se me van, además de los cafés de las mañanas, los quintos que me tomo en alguna ocasión y que siempre están casi helados y van acompañados, en mi caso ese es el requisito que pido, de una tapa de cacahuetes de la marca “La Albufera” y que son pequeños pero sabrosos. También se van las cestas de Navidad que sortea Paco cada año porqué la del pasado y la de este han ido de viaje de su bar a mi casa. 

No se van más cosas porque a Paco lo seguiré viendo, ahora como transeúnte y no detrás de la barra, cada vez que la vida nos ponga frente a frente. Esa es la magia, quizás, de la propia vida. Cambian los espacios, pasan los años pero se mantienen los lazos y las personas que los estrechan. Mucha suerte Paco.

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