25 de febrer 2013





Compartir una conversa amb gent sàvia sempre és agradable i especialment quan aprens coses de qui et parla. Aquest diumenge vaig passar mitja tarda a Reus amb un molt bon amic i entre els molts temes de debat i diàleg que van anar sorgint, la literatura  va tenir un pes específic. 

El cas és que els dos compartim una certa passió envers l’obra del libanès Gibran Khalil Gibran. I aquí ve el post d’avui atès que jo he parlat altres vegades de Gibran i dels dos llibres que més m’agraden d’ell: El Loco y El Vagabundo. 

Curiosament en pocs anys de diferencia he regalat les dues obres a dues persones diferents. Pels títols i les persones, han estat bons regals i adequats al moment. Avui comparteixo els dos textos de Gibran que ahir em va llegir el meu amic.

CUANDO NACIÓ MI TRISTEZA

Cuando nació mi Tristeza, le prodigué mil cuidados, y la vigilé con amorosa ternura. Y mi Tristeza creció como todos los seres vivientes, fuerte y hermosa y llena de maravillosas gracias. Y mi tristeza y yo nos amábamos, y amábamos al mundo que nos rodeaba. Pues mi Tristeza era de corazón bondadoso, y el mío también era amable cuando estaba lleno de Tristeza. Y cuando hablábamos, mi Tristeza y yo, nuestros días eran alados y nuestras noches estaban engalanadas de sueños; porque mi Tristeza era elocuente, y mi lengua también era elocuente con la Tristeza. 

Y cuando mi Tristeza y yo cantábamos juntos, nuestros vecinos se sentaban a la ventana a escucharnos; pues nuestros cantos eran profundos como el mar, y nuestras melodías estaban impregnadas de extraños recuerdos. Y cuando caminábamos juntos, mi tristeza y yo, la gente nos miraba con amables ojos, y cuchicheaba con extremada dulzura. Y también había quien nos envidiara, pues mi Tristeza era un ser noble, y yo me sentía orgulloso de mi Tristeza. 

Pero murió mi Tristeza, como todo ser viviente, y me quedé solo, con mis reflexiones. Y ahora, cuando hablo, mis palabras suenan pesadas en mis oídos. Y cuando canto, mis vecinos ya no escuchan mis canciones. Y cuando camino solo por la calle, ya nadie me mira. Sólo en sueños oigo voces que dicen compadecidas: "Mirad: allí yace el hombre al que se le murió su Tristeza".


Y CUANDO NACIÓ MI ALEGRÍA...

Y cuando nació mi Alegría, la alcé en brazos y subí con ella a la azotea de mi casa, a gritar:

- ¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Porque hoy ha nacido mi Alegría: venid a contemplar este ser placentero que ríe bajo el sol. Pero qué grande mi sorpresa porque ningún vecino mío acudió a contemplar mi Alegría. Y todos los días, durante siete lunas, proclamé el advenimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, pero nadie quiso escucharme. Y mi Alegría y yo estábamos solos, sin nadie que fuera a visitarnos. Luego, mi Alegría palideció y enfermó de hastío, pues sólo yo gozaba de su hermosura, y sólo mis labios besaban sus labios.

Luego, mi Alegría murió, de soledad y aislamiento. Y ahora sólo recuerdo a mi muerta Alegría al recordar a mi muerta Tristeza. Pero el recuerdo es una hoja de otoño que susurra un instante en el viento, y luego no vuelve a oírse más.

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