15 de gener 2013



Hay que dar a las palabras su valor e importancia en todo momento. Darles un concepto de realidad a unas y considerar a otras, también nuestras, elementos ya inertes es el peor error. 

Lo que se escribe sale siempre del corazón y es además testimonio de lo que somos, como crecemos, sentimos y qué pensamos. Por eso es bueno echar la vista atrás y dar ese vistazo obligado a lo escrito hace unas semanas o unos meses. 

A veces, muchas, ayuda a rectificar, a repensarse cosas, a hacer el ejercicio necesario que quizás nos hará llegar a la conclusión que hemos cambiado pero a peor. Si no entendemos las de antes y apoyamos las de ahora, algo nos falla. Si no entendemos las de ahora y apoyamos las de antes, es una buena señal que algo ha cambiado. 

Cuando se dice “te quiero” tiene más valor que cuando se piensa “no te quiero”. Cuando se dice “eres único” vale mucho más que al decir “no te necesito”. Porqué los instintos iníciales no cambian, lo hacen las personas.


Las palabras no son tan solo eso. Si nos importan las que decimos y nos dicen, nos deben importar todas pero hay que saber las que debemos descartar. Os lo dice alguien que vive de las palabras, las entiende, las mima y cree en ellas.

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