17 d’abril 2012


Escrito para un próximo libro

Le dejó el aroma en su cuerpo y el perfume en la almohada. Le llenó de silencio las paredes y él, de timidez sus calles. Y los ojos, abanico de miradas, cual carnaval de colores del arcoíris o un monasterio hecho remanso de paz. 

 Besos flotando en el aire, narices jugando, manos frías, pies helados. Y una puerta dormida y cerrada a ese mundo de fuera, tapiz de agravios y tempestades que difunde al otro lado la complicidad de una mañana que nace repleta de palabras, ya cosidas y deseosas de empezar a andar.    

SÍ, como niños, todos olemos a amor. Al que tenemos o al que nos falta. Y que afortunados con el tiempo de calma sabiendo que un solo beso te reconstruye el alma. 


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